miércoles, 28 de abril de 2010

El velo

Represión. Moda. Sumisión. Religiosidad. Reivindicación. Contraculturalidad.
Si el velo significa alguna de estas cosas, tenemos que saber cuál.
Pero, en una sociedad occidental moderna, ¿puede una persona alegar su libertad personal para taparse el rostro mientras lo mismo para otra significa sometimiento?
No se legisla en lo particular. Ese es el problema. No podemos estudiar a cada mujer para determinar que es libre para decidir por sí si desea cubrir su cara y, si es así, permitírselo y amparar a las que son obligadas por su padre, marido o presión del colectivo a ponerse el hiyab en público.
Desde luego, que, igual que en Occidente algunas mujeres tatúan su cuerpo, lo horadan por cualquier lado, colorean su cabello o lo ponen en cresta, hay musulmanas (no desde el punto de vista creyente sólo, sino en el sentido más amplio, cultural), que, al verse postergadas por serlo en países europeos y, como nota discordante, visten con velo.
Y que otras, por un sentido estricto de su religiosidad (aunque el Profeta no expresara obligación alguna al respecto) y por imposición propia, se cubren.
Pero ¿y la gran mayoría de las cubiertas? ¿Qué piensan, no que quieren creer o que pretenden pensar, esas mujeres tapadas que acompañan a sus maridos (estos sí en camiseta y vaqueros; a menudo sin barba siquiera) en una calle de París, Tánger o Grozni? ¿Qué han visto, es posible que no sea preciso decirles nada expreso para que entiendan, a lo largo de sus existencias para que asuman que como mujeres que son deben cubrirse y sus compañeros, por haber nacido hombres, no?
Sólo tenemos que mirar nuestra civilización. No hace más de cuarenta años, las mujeres no podían abrir una cuenta corriente a su nombre, a no ser que dispusieran del preceptivo permiso de padre o marido. Las leyes, en los contados casos de separación, preveían su culpabilidad. Las mujeres de una cierta edad, y las no tan mayores sobre todo en ambientes rurales, vestían de negro y se tapaban la cabeza con pañuelos.
Aún hoy ¡qué hipócritas somos!, vamos a una reunión social donde hay mujeres y hombres y ellas se encargan de preparar la mesa mientras sus compañeros arreglan, dialécticamente, cualquier entuerto.
La mujer, más o menos visualmente, sigue sometida. Y el sometimiento, como digo, no tiene que ser expreso.
No creo en soluciones mágicas ni colectivas. Cada mujer reprimida deberá alcanzar la libertad cuando esté preparada (quizás nunca), con toda la ayuda externa, pero no antes de que ella asuma su situación de inferioridad y luche para liberarse. Que lo consiga o no es otro capítulo.
Poca esperanza, entonces, me dirá L. La del transcurso del tiempo, respondo. Con ligeros y temporales retrocesos la civilización avanza y el avance significará que en un futuro ninguna mujer lleve su cabeza cubierta. El problema de los humanos es que deseamos que nuestros anhelos se materialicen en vida; muchas veces, por la complejidad de las tramas y la fugacidad de nuestra existencia es difícil que ocurra pero debemos creer que cualquier piedra puesta hoy será cimiento mañana.
Salud