sábado, 12 de febrero de 2011

Muby, al hoyo

Sin ningún tipo de perspectiva histórica qué difícil es discernir si los sucesos de Egipto son el germen de una verdadera revolución democrática o el simple cambio de cara de un régimen militar con sesenta años de existencia.
Mi descreimiento arranca de mis tiempos de aprendizaje, cuando el ansia con el que esperaba que las sucesivas revueltas de la Historia fuesen tales y sirvieran para que la Justicia llegara a todos los estratos de la sociedad se topaba con el encauzamiento de los ideales auténticos por parte de la gente de orden. La Revolución Inglesa del XVII, la Francesa del XVIII, la de 1848 en casi toda Europa, la Soviética, la Mexicana, la espartaquista de 1919, la China o las izquierdistas en Hispanoamérica a partir de los 50 (Cuba, Nicaragua, Chile) sólo sirvieron para que cambiaran las caras pero mandaran los mismos.
Los poderes fácticos, los auténticos, no hablo de esos elegidos cada cuatro o cinco años, son taimados. No precisan ya (si alguna vez necesitaron) prestar su cara real para seguir decidiendo qué hacer con el mundo. Primero encabezan más o menos embozados los sentimientos reales del pueblo, da igual lo que lleve el brazalete que luzcan (sans-culotte o escarapelas varias, estrellas de cinco puntas o boinas ladeadas), limpian hasta donde les interesa (pobre Luis XVI) y, por último, usan de persona interpuesta, hábil y ambiciosa, que es lo que más valoran pues es lo que hace perder el juicio más efectivamente, para reconducir la situación a donde deseaban en principio (el pequeño corso).
Me temo que en Egipto también tendrá razón Lampedusa.
Salud

jueves, 3 de febrero de 2011

Alemania-España

De la semifinal hablaré otro día.
Así libero de seguirme hoy al 95% de mis habituales.
Llega Merkel a España. Y los unos, que a felicitar. Y los otros, que a reñir.
Parafraseando a Carlos Herrera, no cabe un tonto más en España. En realidad, no cabe un tonto más en este planeta y cada día nacen miles de niños...
A lo que iba. La visita de la canciller no sirve siquiera para que los políticos españoles se planteen qué hacen de diferente los alemanes para que les vaya mejor en medio de la tempestad. Y no estoy hablando de estructura de empresa (las alemanas hasta tres veces mayores que las españolas), lo que aumenta proporcionalmente su competitividad. Me refiero a lo que está en sus manos. Ahora mismo.
Y es que no instan a los empresarios (tales políticos, tales empresarios,... un país no puede haber sido tan malo en el pasado para merecer esto en el presente), con mentalidad negrera en su mayoría, a negociar como hacen sus ¿colegas? teutones. Bajan sueldos a cambio de seguridad en el empleo, modulan horarios con el compromiso de permanencia en el puesto y todo sujeto a la productividad. ¿Negreros? Quizás me he pasado: en España bajan los sueldos, despiden a mansalva, quieren legislación más laxa para que les salga más barato, sólo invierten de veras cuando hay mordidas o pelotazos asegurados. Chineros, entonces.
Salud