Qué poco han tardado en blindarse.
Nada de escraches. Nada de manifestaciones. Nada de protestas.
Con lo que tardan en ponerse de acuerdo para tramitar cualquier norma, incluso con mayoría absoluta incluso de ésas "tan importantes" para ellos, es la que les (y a su seguridad y a su paz) atañe la primera. Les jode, como a todos haría, que les cantemos las verdades del barquero en la casa que mayormente se han costeado gracias a nuestros estipendios, ésos para los que también se ponen de acuerdo alegre y urgentemente.
Quieren poner puertas al campo y que, si no podemos costearnos pan comamos pasteles, como ya señalara una sentencia apócrifa de una de sus referentes históricos, desconocida para la mayoría que, sin embargo, la imita ad nauseam.
Que alguien les cuente lo que pasó a la austríaca, más intocable que ellos en sus buenos tiempos, con el pelo encanecido de miedo en los nuestros.
Salud
martes, 19 de noviembre de 2013
viernes, 15 de noviembre de 2013
Externalización
Así que esto era la palabreja.
No sólo dar a los amiguetes los sabrosos contratos que deja la Administración, previo fraude devaluando servicios y coste para que resulten más apetitosos, sino difamando la actuación de los empleados y la calidad del servicio para que los poco informados entiendan que caen en las mejores manos.
En las de los que sólo interesa el rendimiento dinerario, de los que se ciscan en lo que decían preservar, para llenar sus bolsillos y seguir siendo la élite, respetada, culta y de orden.
Los de afuera, los gritones antisistema que no entienden de plusvalías o no se enriquecen por ellas, están alejados para que no les afecte su frialdad. Algo les dan, una tele de plasma, un coche de apellido alemán, una casa de segunda hipotecada de por vida, un móvil que sirve para todo menos para comunicarse, para que se piensen dos y tres veces si merece la pena reclamar lo colectivo dilapidado y arriesgarse a perder las fruslerías.
Los incrédulos, que se pongan a pasear por Madrid, ese microcosmos de privatizaciones de servicios públicos, ora la Sanidad otrora la Recogida de Basura, y aguanten el hedor. El de los contenedores de los barrios pobres y el de los casoplones de los ricos.
Salud
No sólo dar a los amiguetes los sabrosos contratos que deja la Administración, previo fraude devaluando servicios y coste para que resulten más apetitosos, sino difamando la actuación de los empleados y la calidad del servicio para que los poco informados entiendan que caen en las mejores manos.
En las de los que sólo interesa el rendimiento dinerario, de los que se ciscan en lo que decían preservar, para llenar sus bolsillos y seguir siendo la élite, respetada, culta y de orden.
Los de afuera, los gritones antisistema que no entienden de plusvalías o no se enriquecen por ellas, están alejados para que no les afecte su frialdad. Algo les dan, una tele de plasma, un coche de apellido alemán, una casa de segunda hipotecada de por vida, un móvil que sirve para todo menos para comunicarse, para que se piensen dos y tres veces si merece la pena reclamar lo colectivo dilapidado y arriesgarse a perder las fruslerías.
Los incrédulos, que se pongan a pasear por Madrid, ese microcosmos de privatizaciones de servicios públicos, ora la Sanidad otrora la Recogida de Basura, y aguanten el hedor. El de los contenedores de los barrios pobres y el de los casoplones de los ricos.
Salud
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