Es posible que el nuevo aparecido a la izquierda del Padre, ése al que no sólo metafóricamente mató el pasado domingo, sea un lobo con piel de cordero. Un chavista que nos quiere igualar empobreciéndonos, como dicen sus contrarios. O, incluso lo peor, un iluso que no sabe dónde se mete y queda en la retórica.
Es posible, como dicen, que suelte globos de colores para captar menores despistados.
Pero, asumido todo, yo me pregunto por qué a derecha e izquierda todos claman contra él.
Nadie público hay, en seis días, que haya salido en su defensa. Que asuma alguno de sus planteamientos, aunque no las soluciones, o al revés.
Incluyo políticos y periodistas de cabecera. Ésos que piensan que crearon la democracia y se retroalimentan fabulándolo.
Es probable que el nuevo Iglesias no sepa hacer tortillas sin romper huevos y mondar papas, que su mesianismo no alcance para pastorear una nueva Era de paz y armonía, que sus soluciones no impliquen la felicidad absoluta.
Pero, que nos quiten lo bailao, ha dado un aire fresco al panorama.
Ha inflamado pechos que no creían en esta democracia y estas papeletas y que se pueden plantear que es el único tuerto en este país de ciegos. Ha podido remover conciencias que, como algunos nazis saben bien, se transmuten aún por breve plazo de utópicas en utilitaristas.
Tendrá que cuidarse el muchacho, empero. No dejarse ensuciar por nuevas caras del Ancien Régime, como el enviado Alberto Garzón, aunque le prometan lo que antes de las elecciones no le proporcionaron, mas no por despecho, sino por mantener cuanto más tiempo mejor puro el signo de los vientos.
Movimientos excluidos del oficialismo, Equo y una inmensa marea adormecida necesitada de mesianismo pueden ser suficientes para empezar a golpear las puertas del nuevo Versalles.
Salud