Contra mi anterior pronóstico, he de decir que la Troika ha jugado sus cartas muy inteligentemente.
No gana sino quien el público reconoce como vencedor.
Y los Euroministros no han dejado de arrinconar a los griegos desde el referéndum hasta la capitulación.
De diez.
En sus cálculos no podían permitir que los griegos triunfaran pero tampoco que, expulsados, tras una travesía del desierto de una década, pudieran ser competitivos con su nueva moneda. Demasiado riesgo teniendo en el club a Portugal, España, Italia, Malta, Eslovenia, Chipre, Eslovaquia, los tres bálticos, Irlanda, incluso Bélgica.
Ahora las cartas están sobre la mesa. Y han castigado con ejemplaridad sin romper los puentes.
La duda es por qué no lo ha hecho Tsipras aunque sabremos la Historia según nos la cuenten.
Los políticos vagos del sur saben lo que los del norte piensan (no mucho más que los nacionalistas catalanes o cualquiera de los ricos del resto del mundo) y cómo serán tratados: directamente con Merkel, Tusk y Hollande de poli bueno. Sus electores deben tener claro que la gama de representantes admitidos van desde el liberalismo a la socialdemocracia; el resto de cosmovisiones no vale más que para aderezar parlamentos con tres o cuatro diputados.
Salud