sábado, 28 de mayo de 2011

La Democracia secuestrada

Es normal que todos tengamos nuestras filias y fobias. Humano y comprensible.
Pero, ¿por qué todos los intervinientes en programas de opinión política no son más objetivos? ¿O es que los fichan precisamente por no serlo?
Este rico mes comenzó con la muerte de Bin Laden. Los hay que se sintieron obligados a decir que se había hecho Justicia. No hablo de los políticos o el pueblo llano (comprendo la obnubilación narcotizada de ambos colectivos). Me refiero a los "entendidos" que debaten en radio, televisión o prensa escrita sobre el caso. Hasta tres-cuatro días después al menos no surgió una discrepancia en la visión del hecho: ¿la legalidad, quizás?
¿Nadie había caído en ese pequeño detalle? ¿A ninguno le chirrió? ¿O es que nadie osó en desmarcarse claramente?
¿Alguien sabe lo que el Derecho tipifica para estos casos o es que el fin no deja vislumbrar los medios? ¿O todo es justificable si va bien a mis intereses?
Luego, lo de Bildu. Primero, el Tribunal Supremo impide su participación en las próximas elecciones locales, justificando estar sujeta a los dictados de E.T.A. "Todo el mundo" encantado; lo normal, dicen. Pero, agoreros como pocos, previenen de un posible recurso ante el Tribunal Constitucional. A una semana de las locales, el tribunal acepta que la formación concurra; los mismos que el lunes bailaban el viernes se rasgan vestiduras propias y ajenas, alegando la parcialidad del tribunal en base a su formación política. ¿Y cuando les convino? ¿Acaso el Supremo está menos "contaminado" políticamente? ¿Cómo se elige? O, lo mejor de todo, si tanto interesa la limpieza objetiva ¿por qué no se decide que la elección de sus miembros no sea realizada por políticos? Quizás porque, cuando suena la flauta y favorece a unos, les compensa mucho y, cuando no les es favorable, la ventisca que se levanta hace que el resultado del conjunto no les perjudique en demasía.
Los mismos que justifican una Ley (de Partidos) inaplicable en una Democracia ¿Cómo era aquéllo de impedir la concurrencia mientras no abjuraran del terrorismo? Y una vez que lo hacen, pedir un paso más: que los que matan dejen de hacerlo. Una cosa es clara: alguna vez dejarán de hacerlo y para entonces tendrán que inventar otra rémora.
¿No se avergüenza nadie de que se note a qué "terroristas" apoya sin osar decirlo claramente? Las filias y fobias otra vez.
Salud

3 comentarios:

  1. A ver, estará secuestrada la democracia de la que usted participa, a causa de los lamentables medios de comunicación que usted lee o escucha o ve.

    Evidentemente, las pretendidas discusiones políticas de la TV están vacías de contenido. Ahí no están los entendidos. Pero usted tiene la posibilidad de selección. Y parece que por lo que dice leer, escuchar o ver, ha elegido eso. Quedo a su disposición para hacerle llegar un directorio de medios serios, competentes y formados, si es su deseo el cambio.

    Tan sólo dos notas al respecto. Prefiero escuchar la opinión política subjetiva, a ser posible de un contrario ideológico. Mire, la objetividad ya la conozco, y lo que quiero es contraste del otro conmigo, conversación, esto es, "comunicación mediante la palabra entre varias personas que alternativamente exponen sus ideas y matices". Vaya, los esfumatos sugerentes, con vanos que completar. La relación entre poeta y lector en la que el primero no lo dice todo, en la que el receptor completa un esbozo que se le da, en el que hay canal de conversación.

    El segundo aspecto que quería hacerle llegar es que la desigualdad en un futuro inmediato no vendrá dada por el dinero, sino por la diferencia formativa (no quiero decir cultural, eso es otra cosa) de las personas.

    Se está formando un lumpen espectador de los acontecimientos, que los conoce por cuatro señales que se le dan en TV entre grito y grito, y que asiste a ellos impertérrito por estar sedado, que es lo malo, porque no tener miedo es a veces hasta valorable. Salga usted de ese grupúsculo, y su democracia dejará de estar secuestrada.

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  2. Si un 90% de la población está secuestrada, la Democracia (falaz) lo está.
    Hágame llegar esas gacetillas serias; es más podría poner links aquí mismo, para que nuestros disfrutantes tengan más ganas de acudir.
    En cuanto a la subjetividad-contraria estoy con usted. Debemos ser los dos únicos humanos a los que no nos gusta oírnos en los demás.
    Salud

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  3. Bueno, sigue usted con el secuestro. Bien, se trata más a mi juicio de la sedación del ciudadano de la que hablaba, y de la que cabe salir, por ello no convengo en el rapto democrático.

    Todo esto sólo tiene una solución: la formación, o la educación, o como quiera llamarlo, eso que le decía que marcará la diferencia en un presente muy próximo, por encontrase las diferencias económicas salvadas a la baja. Evidentemente, el colegio sólo cumple una pequeña parte de la acción formativa que recibe el ciudadano. La parte más abrumadoramente importante deviene de la familia y el comportamiento de los iguales. Todo por acción del respeto y la admiración, que la gente suele profesar hacia sus iguales primero, y hacia sus familiares, de los que imita conductas.

    Pero el centro educativo, aún tendiendo a ser ninguneado por el propio alumno, por el hecho de tener pautas muy claras (o deber tenerlas) acerca de la formación, de saber cómo actuar, que es algo de lo que pueden carecer los padres, es básico. ¿Se estimula hoy el aprendizaje, la capacidad de encontrar, en la escuela? Un centro educativo no debe ser un lugar en el que, agotado, el alumno realiza, mecánicamente ejercicios extra en casa, o exámenes, que lo único que pueden hacer es formar un expediente académico. Para formar a la persona, no hay que, en sentido estricto, enseñarle conceptos, sino mostrarle los caminos que pueden llevarle a aprender conceptos, siempre por sí mismo.

    El aprendizaje es un camino en soledad, por mucho que se justifique la necesidad de la existencia del colegio. Y es sólo eso lo que hará evitar a las personas, por sí mismas, escuchar a quien no tiene nada que decir, o a quien mea más lejos en los medios de comunicación.

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