Se empeñan lo plumillas españoles en recordarme la infancia. Aquélla en la que antes de cada consulta electoral bramaban por la participación masiva excepto a un grupúsculo de un pequeño territorio que justificaba el terrorismo. El recuento conllevaba una permanente atención a sus datos y su consolidación causaba profundo y generalizado malestar y lamento.
Gratis se daba por hecho que cualquier papeleta "a los de siempre" escocía. Y así, indecisos, inadaptados o tibios veían que un simple movimiento suyo redoblaba en Madrid y alrededores.
Han pasado treinta años y una frágil tregua, pero el vocerío no entiende de amplificaciones.
Redoblan el valor de los votos de una coalición de ex-batasunos, Eusko Alkartasuna, parte de Ezker Batua y Aralar, tratando de despotricar desde hace días contra la confección de un grupo propio en el Congreso. Olvidando la tregua, táctica o no, la aquiescencia de los tribunales y los compañeros de viaje, uno de los cuales por cierto surge del mismo oscuro mundo y al que no se le pidió en su momento expresividades o solicitudes de perdón que ahora se exigen.
Salud
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