A los carcas les da tanta vergüenza decir que les tira la diestra que ahora suelen aclarar que las ideologías han acabado y no quedan derechas ni izquierdas.
Para corroborarlo no se les ocurre otra que, después de ocho años en la oposición y seis días cuadrando balance, subir los impuestos.
El problema del problema de Europa (sic), es posible que el de Estados Unidos sea otro, es la heterogeneidad de los síntomas. Lo que significa en España el desempleo es deuda pública en Italia, contracción del P.I.B. en Francia o (riesgo de) inflación en Alemania. Y de ahí, de distintas emanaciones, se quiere hacer tratamiento común. Hasta que el enfermo se cure o sea ahogado.
La activación del consumo y, con ella, la creación de empleo que precisa la economía española no se puede lograr apretando las clavijas a la mayoría de la población (la que tributa por rentas del trabajo y tiene alguna renta de capital), que debería tener margen de gasto. Demostrado queda que sólo la minoría de mayor poder adquisitivo no puede levantar el panorama; sin ir más allá, se ha duplicado en 2011 la venta de vehículos de gran lujo sin que se haya percibido nada a nivel general.
Es claro y justo que el paso previo sea un ajuste del gasto público en todos sus aspectos muy severo, cosa a la que los administradores españoles no están habituados. Por deshabituados, lo están incluso los administrados.
Y una vez soltado el sobrante en el círculo del mercadillo, los pequeños empresarios que tuvieran necesidad u osadía para ampliar negocio hallarían una poderosa razón para ello. El tirón sería progresivo pero continuado.
Si la canciller Merkel sigue cerrándose en banda, cuadrando balances sobre todo, conseguirá atosigar aún más el intercambio sin evitar perder sus elecciones.
Contra crisis, expansión. En bonanza, contracción. La ex-alemana oriental parece inversora en Bolsa de tercera.
Salud
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