sábado, 2 de junio de 2012

Supramundo

Dívar es la categoría.
Si no tenemos esto claro jamás comprenderemos a nuestros poderes públicos. Esos políticos, funcionarios, jueces no nos entienden porque viven en un mundo, más que paralelo, superior, como nosotros, aun sintiendo la hambruna en el Sahel, no nos identificamos con ella, aquí en nuestra agotada Europa.
De ahí que el magistrado no entienda la confusión privado-público sobre las deferencias que, por derecho casi divino pensará él, el Estado le debe por su cargo. Como el guillotinado Luis no comprendía a la turba hambrienta, teniendo todos los días la mesa llena.
Es difícil ponerse en el lugar de una familia desahuciada en Vallecas dormitando en el asiento de atrás de un A8 que circula a 240 kilómetros por hora, desde el restaurante de cuatro tenedores, pagado cada día a cargo del Erario, al mitin de tarde-noche en Priego.
Que no sirva para lapidar al Presidente del Tribunal Supremo, todos de acuerdo, y sí para dejar escapar al resto.
Salud

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