jueves, 2 de mayo de 2013

Lo que a todos toca


No tenemos que irnos a la Gran Bretaña de los últimos años del Dieciocho, cuando los obreros pedían trabajo mientras se esclavizaba a los niños y las mujeres, por manejables. Ni al Chicago de 1886, luchando por trabajar sólo ocho horas.  Ni siquiera a las luchas de los sesenta y setenta, apenas hace cuarenta años, para regular límites a la explotación sin medida.
Podemos mirar a Bangla Desh, donde a costa de nuestros pantalones de a 9,99, mueren cientos de personas y se esclavizan a cientos de miles. O a los ministros de Europa, que ven demasiados privilegios en los demás, pero no en sí mismos. O en los liberales jactanciosos, diciendo que estas reconvenciones (¿no los llaman recortes, verdad?) son pocas.
Cuanto más pronto se olvide, antes será necesario volver a la barricada. Cuanto más lejos lleguen, más duro será volver adonde estuvimos.


Ellos, el emprendedor gallego por antonomasia o el Isidoro del triángulo verde, por ejemplo, no tienen ninguna prisa porque la involución pare.
Salud

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