domingo, 13 de junio de 2010

Fe

¡Qué duro es no ser creyente! Al menos, no creer en una de las religiones que prometen una vida mejor en el Más Allá.
No soy nada irónico en este caso.
Es difícil vivir creyendo en que cuando esto acabe no quedará de nosotros nada excepto un perfume en algunos allegados, pero que los malos momentos que vivimos no tendrán recompensa futura. Y más aún cuando nos hallamos en uno de esos socavones que el Destino pone en el camino.
Complicado. Cruel. Descorazonador.
Luego podría hablar del control social, bla bla bla, que supone esta fe; las puertas que se cierran aquí con la promesa de la apertura allí.
Pero eso no es para ahora.
Que nos veamos en otra mejor.
Salud

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