miércoles, 8 de septiembre de 2010

Los excluidos

Nuestro Primer Mundo, más exclusivo de minuto en minuto, usa la fealdad pero no la soporta. Nos gusta que todo reluzca a nuestro paso, pero que limpien cuando dormimos, para no verlos... No ya la acción en sí, sino siquiera a los infraeuropeos que dedican su trabajo a satisfacer nuestros sentidos.

No percibimos que somos otro eslabón en el engranaje capitalista y que, para éste, siempre hay alguien que está más abajo... porque siempre hay otro arriba.
Parto de que todos los seres humanos, en cuanto animales, somos xenófobos. Nos gusta la uniformidad. Y más la que se denota de un vistazo que la que trasluce detrás de una conversación. No nos gustan los cojos, los negros, los albinos, los tartamudos en cuanto nosotros no lo somos. No nos gustan los gitanos en cuanto nosotros no lo somos. No nos gustan los gitanos rumanos en cuanto no somos rumanos tampoco.
Y a los excluidos les pasa lo mismo con nosotros. Pero ellos no tienen nada y nosotros, mientras, hemos alumbrado la Declaración de Derechos del Hombre, hemos separado la Iglesia y el Estado, hemos luchado hasta derrotarlos contra nazis y comunistas. Sólo por ello somos más culpables.
Porque quien creó el Derecho no puede abjurar de Él cuando le conviene. Ni siquiera por economicismo.
Y por eso, porque aunque soy xenófobo como tú en lo más básico de mi ser y mi educación de humano me ha de empujar por los derroteros de la solidaridad y la justicia, por eso digo que yo también me siento, siguiendo a José Luis Peñalva, un ser despreciable, miembro de una élite a la que los desposeídos comerán por los pies, porque el hambre no se negocia.
Salud


No hay comentarios:

Publicar un comentario