martes, 11 de enero de 2011

Lobos ovejados

Van los tíos y por fin (algún periodistillo lo había vaticinado para el día de Nochebuena; nos tendría que haber aclarado si la católica o la ortodoxa) declaran una tregua o algo así.
Y me dices que qué siento. Y sólo estoy hastiado cuando debería notar esperanza y alivio.
Porque nací cuando Etxebarrieta se hizo famoso, cuarenta y dos años, pero la organización tenía nueve años ya. Y he visto todo. Los setenta, cuando, aunque mataran, eran "los nuestros", les perdonamos y les creímos todo. Los ochenta, con muertos cada tres días, cuando parecía que de tanto tirar de la manta ésta rompería hacia un lado u otro. Muñagorri, que nos hizo llorar. Hipercor, que no entendimos. La muerte de los policías que iban al campo del Sabadell, que me abrió los ojos.
Lo peor de Euskadi Ta Askatasuna no son sus muertes, ochocientas y pico. Tampoco que jugara con los sentimientos democráticos y justos de una parte del pueblo, ensuciándolos para siempre. Es imperdonable el envilecimiento de engañar nuestro instinto, justificándoos más allá de lo permisible. Y sin embargo poco a poco os abandonamos. No todos, que de todo hay en todas partes, y no pueden criticar a los que no se bajan los que no descendieron de los primeros o no llegaron a subir.
Aunque no creo que el abandono os importe. Sois militares y como tales ejercéis la razón. Qué cachondo pone llevar una pistola, que sirve lo mismo para colarse en la fila de una pescadería, ligar con una rubia despampanante o liberar un país. Da prestancia y sabrosura, más aún envainada, bamboleante, rozando la polla, que apuntando a un chaval a la cabeza.
Por mí, sinceramente os lo digo, podéis seguir cincuenta años más matando policías y políticos. Me entristeceré como cuando veo una matanza en Darfur o un ciclón en Centroamérica, pero seguiré disfrutando de la vida igual que el 90% de la población, con sus más y sus menos. O sea, que en mi vida sois ya un cero a la izquierda.
Pero hay más: esos politiquillos de mierda, esos periodistillos que no sabrían de qué hablar si paráis de matar y abandonáis. Ésos que dicen que no hay que negociar pese a quién pese. ¿Une mucho pensar lo mismo que los terroristas? ¿Tanto como para desear fervientemente que esto no acabe? Hay algunos voceras que si tuviesen que hablar de economía, sanidad, infraestructuras, condiciones de trabajo o deportes tendrían que empezar de cero, como si se hubieran trasladado a Tayikistán, donde por no saber desconozco su capital (igual hasta me sonaría, con suerte), presidente (o dictadorzuelo post-Urss) o moneda.
Pero, mientras, ni un paso atrás. No conocen la Historia (ni falta que les hace para levantarse buenos fajos) para saber cómo se resuelven los conflictos. Pobrecitos enmierdadores. ¿Cuál sería su comportamiento con un hijo secuestrado? Para ser consecuentes, inamovibles ante la negociación.
Por último, pero no lo último, las víctimas. Después de décadas de ostracismo (también institucional, no se olvide), en primera fila para controlar cómo se agota todo. Sin fuerzas me he quedado para remitirme a una entrada en este mismo blog sobre el particular: la democracia del Siglo de las Luces no permite la venganza sobre victimarios por interesado porque volveríamos a antes de Hammurabi. Y lo veo justo. Entiendo el dolor pero les pido contención y no vocerío acumulativo.
Al menos no habré dejado a L. indiferente.
Salud

No hay comentarios:

Publicar un comentario