domingo, 30 de enero de 2011

Fukuyama, mon amour

Un querido rival me descubre que la Historia ha acabado. Menos mal, pienso, que ganaron los buenos. Los jasp, vamos. Ahora, que eso debió ocurrir en 1989, tres años antes de que su Mesías se desdijera. Pero para entonces ya estaba la receta en la calle y los neocon juntaron condimentos, restaron una pizca de sal, añadieron agua y les salieron George W. Bush (con una pléyade de listos detrás, Rumsfeld el primero) o Sarah Palin.
Me informa que no hay derechas e izquierdas. Tampoco seamos tan exquisitos. De una colocación casual en un frontón no saquemos una lección política. Lo más fascinante de esta teoría es que tampoco existen explotados y explotadores en el mundo.
Llamésmosles x e y, pero cualquiera con una pizca de cerebro y, sobre todo, un gran corazón, es capaz de descubrir en su vida privada al aprovechado y al aprovechando; el tonto y el listo; el que dice que sí cuando el cuñado le pide el coche para un rato, va a Moscú y a falta de carburante se lo devuelve con roces en el lateral y el que le tira las llaves al alcantarillado.
O digamos más: al trabajador, renovado cada treinta días por 600 euros al mes y al emprendedor, con un vehículo cuyo valor tiene seis dígitos, que le impele a trabajar más de diez horas diarias.
Y si esto sólo lo ve Bakunin, habrá que dejarse crecer la barba.
Aunque yo sea más de Koprotkin.
Salud

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