jueves, 14 de abril de 2011

Confirmado: Se necesitan

¡Cómo se nota que los peperos han ido a colegio de pago y disponen de un amplio repertorio de palabrejas! Que no hubo negociación con Euskadi Ta Askatasuna cuando estaban en el gobierno dicen. Que eran conversaciones. ¡Qué bello el idioma español, qué de matices dispone!
Y mientras, sus chuparruedas, las asociaciones de víctimas, los voceros de las carcateles y los ultrapanfletillos, encantados, no se sabe si por estupidez propia (no sabrán manipular el lenguaje) o, tan triste, por complicidad en encubrir la mentira.
Va y se acumula la tarea: sueltan a uno de los Troitiño (genuino representante del etno-nacionalismo vasco, joder) después de veinticuatro años y a muchos les parece poco... ¿Han pasado en casa una tarde lluviosa de otoño? Que hiciera lo que hiciera es una cosa. Que casi un cuarto de siglo en la trena sea moco de pavo, otra muy distinta. Cómo se nota que no se visita a los presos en España. Ese amargor, ese arrepentimiento cada día, cada hora, cada minuto por un segundo de obcecación se arrastra toda la condena. Y aún queda lo más difícil: salir. Porque lo de adaptarse es imposible: cuando el angelito entró, 1.986, el año de la "Mano de Dios" para los que eran niños, no se comercializaban teléfonos móviles, el ordenador más popular era el Spectrum y Felipe González no tenía canas.
Y se olvidan lo mejor: que los jueces aplican la Ley que hacen los políticos. Sí, esos sinvergüenzas que luego critican como los imbéciles quieren oír.
Salud

6 comentarios:

  1. Incierto, los jueces no aplican la ley de los políticos. La interpretan, y de ahí el desmesurado poder que se les confiere. Cualquier decisión de un juez es arbitraria.

    Que un juez pueda ordenar detención o prisión, es escalofriante. Menos lo es que pueda dictar excarcelación; con lo anterior, totalmente de acuerdo con el auto de Guevara, Ruiz Polanco y Barreiro.

    Respecto a su desafortunado comentario de los celulares, digamos que en el pecado, Antón Troitiño llevaba la penitencia. Mire, la suya también fue una decisión discrecional.

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  2. Me atrevo a tutearte, para agradecerte ser mi primer comentario.
    Hombre, nos podrá gustar más o menos, y podríamos discutir sobre si España es un país democrático, pero partamos cuanto menos de eso. En un Estado de Derecho el Parlamento (lo reduzco a "los políticos", por su conocido borreguismo) aprueba la Ley y los Jueces y Magistrados la aplican. Desde luego que, para aplicarla, la interpretan con respecto a unos tenores, externos (lingüísticos, contextuales) o internos (ideas del propio Juez), pero es que, si no, no entiendo cómo podrían proceder.
    Y eso da, cuando se permite también por Ley (hay decisiones regladas), la discreccionalidad. De ahí a considerar la aplicación de la Ley una arbitrariedad... Quizás ha sido tan sólo una apreciación semántica muy puntillosa por mi parte, pero "arbitrario" no tiene buena prensa. Por no hablar de su responsabilidad posterior.
    Si no es un Juez, ¿quién debería, bajo tu punto de vista, ordenar una detención o prisión? ¿Un policía, un parlamentario (o político), el (presunto) perjudicado? Ese problema debieron plantearse en la Alemania de los 30 cuando lo solucionaron proporcionando a la "Geheime Staats Polizei" el recurso de la “Schutzhaft".
    De acuerdo en que vale más un culpable suelto que un inocente preso, pero sin pasarse tampoco.
    Y lo de los celulares es la anécdota. Si Troitiño hubiera matado a uno de mis seres queridos ten por seguro que aún hoy le perseguiría para matarlo con mis manos; lo que no puedo es caer en el sentimentalismo de la víctima. Por eso el Juez, por lejano más justo, puede dictar sentencia. Yo me pregunto: si no son 24 años ¿Cuántos o qué para que las víctimas se sientan reconfortadas? Supongo que ninguno o, lo mismo es, todos. Y desde el victimario, ¿crees en serio que un tipo sale igual de la cárcel 24 años después?
    Salud

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  3. La orden la debe dictar un juez, evidentemente. Pero eso no quita para que reflexione acerca del poder desmesurado de ese cuerpo ´peligrosamente autónomo que son los magistrados.

    Sinceramente, le diré que los 24 años en prisión que menciona no sirven para nada, ni para el reo ni para la sociedad, que no lo podrá recuperar nunca. Y que el familiar de una víctima se reconforte es sencillamente imposible.

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  4. Los 24 años sirven para separar al criminal de la sociedad. No se puede mantener a una persona así entre los demás. Además, aunque esté feo decirlo, la condena es punitiva; ya sé que quedaría mejor que fuese exclusivamente dirigida a la reinserción, pero no...
    El posible confort del familiar deviene de una forma sibilina de venganza. Que también tiene mala prensa, pero es comprensible por humana.
    Salud

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  5. Efectivamente, la clave para justificar el Código Penal es la venganza. La sociedad se dota de un cuerpo de parias que castiga y encierra, aunque los delitos cometidos le traen al pairo.

    Resulta reconfortante que existan cárceles. Se otra forma, la violencia del cuerpo social se demostraría de cualquier otra forma, y podría atrapar a ciudadanos respetables. Por ello la utilidad de mantener una marginalidad controlable con la que saciar la sed de violencia de la sociedad (ese laborismo compasivo), es alta. ¿Quién quiere erradicar la marginalidad? Pequeños hurtos a cambio de venganza.

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  6. No, no. Yo no creo que la maquinaria jurídica, con el Código a la cabeza tenga como fin la venganza. El Estado no tiene sentimientos y este es de los pocos casos en que se agradece. No actúa por venganza sino por legalidad. Que haya individuos que sientan ello es comprensible.
    El tema de la marginalidad confortable es interesante, como todos los contenidos de control social.
    Sin embargo, no es lo mismo tener un inadaptado bebedor que roba que un psicópata que mutila a decenas de mujeres hasta que se le captura. El primer caso puede ser de marginalidad controlable; el segundo es de un peligro cierto y, me pesa sacar la cara al monstruo frío, ahí el Estado no es indiferente.
    Salud

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