"No somos anti-sistema;
es el sistema el que es anti-nosotros"
Pancarta en la Puerta del Sol, mayo de 2011
Me pregunto qué pensaría en su fuero interno Luis XVI el 13 de julio de 1789 sobre las algaradas en París. ¿Creería que era una revolución o unas simples revueltas que sus mosqueteros solucionarían a base de "violencia legal"? ¿Y qué decir de la intuición de Nicolás en el verano del 17?
Se puede luchar de frente o por subterfugios. Los políticos españoles y sus acólitos plumillas prefieren el segundo sistema. Antes de fulminar a un colectivo no viene mal anatemizarlo y a eso dedican sus horas, esperando que el 23 regrese la calma.
¿Quién medianamente informado en España puede sostener aún la camarilla político-periodística que se apoya y retroalimenta hasta haber convertido la vida (no ya la política sólo) en un pútrido magma donde todos conocemos los diretes del otro?
Pero eso interesa. Hombre, a ellos, pero interesa. Y parece que a nosotros porque ellos tienen el altavoz y la imagen, pero es un cuento. Como el que nos relataron desde mediados de los 70: que hubo en España muchos luchadores por la Democracia (Franco murió tranquilo y su familia vive a lo grande de los dividendos) a los que no podemos traicionar y que la Democracia parlamentaria, aunque imperfecta, es el más justo de los sistemas conocidos. No como ayer la señora Aguirre pretendió explicar: que "es probablemente el peor sistema, pero el mejor de todos los conocidos" (sic). Menudo lío, Espe, sin papeles no valéis ni lo que lleváis puesto.
¿Conoce usted, querido lector, algún pro-sistema en plena primavera de 2011? Botín, dirá un avezado. Zapa o Mariano, responderá otro. Pedro José, Cebrián, cualquiera de Intereconomía.
Según versiones desde la Guerra Fría, el conglomerado militar industrial maneja la política de Estados Unidos a su antojo. En España es más triste: unos politiquillos incultos e ineptos, que no se podrían ganar la vida de otro modo (ni a 600 euros/mes les querrían en la empresa privada) son manejados por el poder económico y jaleados por sus respectivos plumillas.
¿Que si vencerá la revolución me dice el lector?
¿Qué revolución?
Me he debido de perder.
Si algo nos enseña la Historia es que son precisos muertos para encender la llama. ¿Cuántos de la Puerta están dispuestos a morir para dar la Libertad al resto? No se me venga abajo. Recuerde los casos de La Revolución Francesa (no lo de la Bastilla, que fue un chiste, sino del Terror, el nacimiento del Estado asesino), la Rusa (qué contar) o la China (muy bueno el lío del 66 para acabar bebiendo Coca Cola). Muertos por doquier. Cambiaron algo (menos de lo que se pensaba en un primer momento, pero algo antes de amansar las aguas) a costa de miles, millones. Hoy mismo pasa en Siria. ¿Por qué? Porque no tienen nada valioso que perder; ni siquiera la vida así lo es.
España es demasiado bonancible para heroicidades.
Y encima, a veces, sale el tiro por Tiananmen.
Salud
Evidentemente, coincido con usted en que hoy no ha lugar a revoluciones. Probablemente se dé alguna cuando se nos acabe el dinero a todos, y el hambre y la muerte de nuestros hijos nos permitan sacarle a alguien los ojos para robarle. Pero eso no lo veremos ni usted ni yo.
ResponderEliminarClaro, en este país se ha pasado del pilarbardemismo a la tienda de campaña, y es otra forma de manifestarse. Aunque tan fútil como la primera.
Pero lo más decepcionante del supuesto movimiento (porque están sentados en su tienda de campaña, literalmente) Democracia Real Ya, es su manifiesto.
Que si la corrupción de los políticos, empresarios y banqueros.
Que si la indefensión del ciudadano de a pie.
Que si la igualdad, el progreso, la solidaridad, el libre acceso a la cultura, la sostenibilidad ecológica y el desarrollo, el bienestar y la felicidad de las personas.
Que si el ansia y acumulación de poder en unos pocos genera desigualdad, crispación e injusticia, lo cual conduce a la violencia, que rechazan.
Que si el obsoleto y antinatural modelo económico vigente bloquea la maquinaria social en una espiral que se consume a sí misma enriqueciendo a unos pocos y sumiendo en la pobreza y la escasez al resto.
Que si la voluntad y fin del sistema es la acumulación de dinero, primándola por encima de la eficacia y el bienestar de la sociedad. Despilfarrando recursos, destruyendo el planeta, generando desempleo y consumidores infelices.
Que si, si como sociedad aprendemos a no fiar nuestro futuro a una abstracta rentabilidad económica que nunca redunda en beneficio de la mayoría, podremos eliminar los abusos y carencias que todos sufrimos.
Que si es necesaria una Revolución Ética.
Que si estoy indignado.
Pues si, y es que si alguien lee todo lo anterior está de acuerdo, como si se plantea el rechazo de la violencia contra las mujeres o el maltrato animal (no he pretendido relacionarlos): todos de acuerdo.
Pero ni una palabra en el manifiesto de lo que se propone o solicita, o ya que pretendemos estar en una revolución, lo que se exige. Estas acampadas son un desastre, un brindis al sol de un grupo de desocupados. ¿Quién pretenden que se una al supuesto movimiento?
De acuerdo con usted, sin violencia no hay movimiento. Cuando comience a llover, dejarán las plazas y volverán al campamento rumano.
Pero no me deja de causar nostalgia.
ResponderEliminarSalud
Si tiene nostalgia, cuelgue en su habitación un póster de Daniel Cohn-Bendit.
ResponderEliminarLo que están haciendo estos ociosos es un circo lamentable. Y lo que es peor, ni siquiera se trata de iniciativa propia, ha salido por simpatía.