domingo, 24 de julio de 2011

El paraíso perdido

Breivik es el arma, pero no el culpable. Un transtornado que aplica a pies juntillas lo que le cuentan no es más culpable que el tonto que echa lejía en la sopa porque ambas son líquidas.
El Partido del Progreso noruego, como todos los partidos de todas las tendencias, aglutinan fuera de su núcleo duro, el de los que piensan, satélites de pseudo-intelectuales como el arma noruega, útiles para la dispersión de su morralla panfletaria. Los del núcleo, en su estupidez, no suponían que nadie pudiera llegar a creer su estulticia. Pero con que uno, Breivik, lo haga y mate a noventa personas se lía.
Y luego saldrá la tal Siv Jensen y con poner cara de pánfila en pantalla y decir aquéllo de que "no quería llegar tan lejos" lo pretenderá arreglar.
El mundo ha cambiado, todo nos afecta a todas horas, pero los idiotas no se han dado cuenta, piensan que nadie les cree cuando despellejan al rival.
Salud

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