Me pongo aquí en el centro, para que todos me peguen mejor.
¿Se están sacando las cosas de quicio en el corral plumillero español acerca de Bildu?
Partamos del hecho de que participan en unas elecciones tras una sentencia del Tribunal Constitucional que no contempla la concurrencia en actos de la coalición de conocidos componentes de la izquierda abertzale tradicional (Goirizelaia, Erkizia, Etxebarria) como una sucesión por contaminación de la misma, ilegalizada anteriormente; sólo por ello, en base a los acuerdos cocinados por el PSOE y el PP no deberían haber pasado el filtro legal. Pim, pam.
Retrotraigámonos más: ¿no es la famosa Ley de Partidos (y el cocineo) una norma penal "ad hoc" para criminalizar a la izquierda abertzale y, por ello, nula de pleno derecho? Pim, pum.
Las críticas sobre la competencia del Constitucional para entrar a juzgar en ámbitos más allá de los Derechos Fundamentales tendrían base legítima si esos mismos críticos hubieran mantenido la opinión cuando el tribunal se propasó en otros casos. ¿En todos, dicen al fondo? Pam, pum.
Una vez pasada por las urnas, algunos de los que apoyaban la concurrencia de Bildu se llevan las manos a la cabeza cuando con sus votos obtienen el número más alto de concejales de toda la Comunidad Vasca, aparte de victorias emblemáticas como en el ayuntamiento de San Sebastián y la Diputación foral de Guipúzcoa. Mientras, los que siempre estuvieron en contra, olvidan que, en teoría, pasaron el tamiz de un tribunal español y de los ciudadanos. Pam, pam.
Y ellos, por su cuenta, una vez la victoria en ristre, no se cortan en sus expresiones y siguen mostrando en público la famosa dialéctica de sus "primos" políticos. Pim, pum.
Definitivamente: nos encaminamos al final del terrorismo como lo hemos conocido en cincuenta años. Nadie sabe cómo saldrá la apuesta, pero es indudable que las orejeras son un recurso de lo más usual en todos los lados (¿solo dos?).
La apuesta más importante que resta a la izquierda abertzale es terminar con el terrorismo social que acongoja a la sociedad vasca. El de las pistolas, se dieron cuenta, iba en contra de sus intereses. Cuando interpreten que el fin del matonismo les rentará parte de los votos del nacionalismo temeroso aún de tufillo fascista y con él alcanzarán alrededor del 40% del censo habrán llegado a la orilla. De ahí al referéndum, un paso de cinco años.
Me queda una duda malévola: ¿Qué alegarán peperos y plumillas cuando suceda, para evitar un barrido democrático? ¿Acaso pidieron en su momento a los polimilis, Onaindía o Bandrés, ahora de honda raigambre democrática, o a Aralar, más recientemente, tanto compromiso, tanta dación de armas, tanta conversión auténtica?
Salud
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