Su omnipresencia mediática hastía. Hasta el punto de descuidar sus funciones, aunque le dé tiempo de ver amanecer.
Dicen los que entienden que sus instrucciones dejan mucho que desear y que por ahí se escapan los malos.
Los que le defienden pasan por alto sus excesos, imbuyéndole en unas guerras que no debieran ser suyas.
Los que le atacan olvidan cuánto le deben en la caída de Felipe González, un régimen entonces.
Ni la Memoria lo precisa ni él debiera prestarse, enturbiándola con su figura.
Salud
Su defensa pública es patética. Es impensable que alguien pueda autodenominarse intelectual, ésa es una categoría que siempre dan otros. Los pelagatos del pensamiento, bardemes y sacristanes, sobran en el apoyo al juez, lo satirizan, puede que hasta sin saberlo. Qué lástima de tradición española, que piensa que un intectual tiene que decirse rojo, llevar barba y no haberse duchado en semanas. Es la ausencia del intelecto.
ResponderEliminarUn magistrado que no da opción a la defensa debe ser inhabilitado, y ya está. Y que le mantenga toda esta tropa, acudiendo después a su bufete.
¿Me tengo que preocupar por la coincidencia? ¿Busco otros argumentos? Por ahora, pensemos en la casualidad.
ResponderEliminarSalud