Lo de Esperanza Aguirre es de traca.
La presidenta, siempre aspirante, de lustros deja latiguillos en los que trasluce su verdadero ser. Patán, iletrada y clasista, derecha española eterna, frente a la británica liberal y cosmopolita que se pretende.
Ayer se dio la puntilla en el pie, tan de moda en la nobleza hispana.
Ni pío, como una puerta recién pintada, después de pillársele con un déficit duplicado.
Salud
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