El problema es de dimensiones de ego.
Qué fácil sería para los centralistas legislar una posibilidad de referéndum de autodeterminación cuando se sabe que no más del 30%, por no decir que entre el 20 y el 25, está a favor de la independencia "sentimental".
La opinión de la "económica", de nuevo cuño, es tan cambiante como la dialéctica crisis-recuperación. Tan pronto se manipulen los miedos, la casi totalidad de estos "independentistas por interés" volverían al redil a causa de ellos.
Lo que no deja de ser curioso es el reconocimiento que esos mismos que estiman antidemocrática una votación (?) empiecen a reconocer públicamente una cierta razón, antes ignorada o reída, en el desfase excesivo entre las aportaciones de la autonomía catalana y sus beneficios.
Salud
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