sábado, 13 de octubre de 2012

Catalunya

El problema es de dimensiones de ego.
Qué fácil sería para los centralistas legislar una posibilidad de referéndum de autodeterminación cuando se sabe que no más del 30%, por no decir que entre el 20 y el 25, está a favor de la independencia "sentimental".
La opinión de la "económica", de nuevo cuño, es tan cambiante como la dialéctica crisis-recuperación. Tan pronto se manipulen los miedos, la casi totalidad de estos "independentistas por interés" volverían al redil a causa de ellos.
Lo que no deja de ser curioso es el reconocimiento que esos mismos que estiman antidemocrática una votación (?) empiecen a reconocer públicamente una cierta razón, antes ignorada o reída, en el desfase excesivo entre las aportaciones de la autonomía catalana y sus beneficios.
Salud

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