Halloween, como tradición recientemente asimilada, celta más que estadounidense y peliculera, crea malestar en la bienpensante (y por ello trasnochada) sociedad española.
Pero, pregunto con maldad: ¿qué dirían los arévacos, los vacceos, los cántabros, los cartaginenses, los mismos celtas cuando su cultura y tradiciones con ella fueron laminadas con la llegada romana a la Península?
Esos que piensan, como algunos graznan en público sin pudor ni conocimiento, que la Historia empieza con la llegada de Roma y Cristo (más de setecientos años entre fundación y nacimiento; otros trescientos hasta la asimilación legal) suelen ser los que postulan que tradiciones extranjeras no caben en España.
Habría que recordarles que los míos intuían que eran inmigrantes descendientes de un mono africano mientras los suyos se carcajeaban de su propia ignorancia. Apenas ciento cincuenta años desde su atrevimiento.
Salud
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