jueves, 4 de noviembre de 2010

Tea Party

O sea que, ahora, hacemos a los del Tea Party tan majos que hasta son neo-anarcos, que luchan contra la preponderancia asfixiante del Estado (sic, por varios medios), el más frío de los monstruos fríos (sic Nietzsche).
Está claro que a los animadores de las legislativas de los Estados Unidos de América del Norte no les gusta del Estado ni su existencia, pero, a diferencia de los anarquistas clásicos, pretenden el liberalismo absoluto, sobre todo en materia económica, pero también religiosa y de lo que ellos presuponen el ámbito personalísimo del individuo. Esta posición les sitúa precisamente en la antítesis de aquéllos, pues no respetan (en su ideal) ningún tipo de norma deslizándose peligrosamente hasta lo que a la buena sociedad occidental le han hecho entender por Anarquía. Directamente, la Ley de la Selva. Cada uno usa, coge, actúa como si fuera el único ser de este Mundo. Sin importarle consecuencias o prójimos. Y en la Selva siempre vence el más fuerte. Si un empresario paga 600 es porque no consigue a nadie por 500 y estaría avalado para ofrecer lo que la oferta-demanda precisara, porque nadie velaría por el débil.
En la sociedad anarquista se abomina del Estado por ser el más feroz de los inventos humanos, laminador de la libertad individual pero se sustituye por el mejor control social posible: la Educación. Ésta será la salvaguarda de los derechos de cada cual. Allí se pasa de una frialdad a otra; aquí el calor humano irradia a todos.
En otro momento debería incidir, además, en el puritanismo feroz que padecen (y lo peor, hacen padecer en su derredor) algunos de los ultras estadounidenses. Por supuesto, sexual, que el disfrute de las armas queda autorizado por la Constitución. Je je.
Salud

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