sábado, 12 de noviembre de 2011

Y ahora, el balonmanista

¡Qué mal fario tiene el Borbón español con sus amistades!
Manuel Prado y Colón de Carvajal, Javier de la Rosa, Mario Conde. Todos íntimos en diferentes tiempos de Juan Carlos y encarcelados por la Justicia en distintos momentos. No llegaron a estar, sin embargo, entre rejas todos los que fueron: libraron, procesados, por prescripción los primos de la gabardina, famosos en la España de los 90, y el príncipe Tchkotoua, tras oportuna escapada a Marruecos. No es preciso abundar con ejemplos extranjeros, el más lustroso el del trader Marc Rich, considerado el evasor de impuestos más importante de la Historia de los Estados Unidos de América del Norte, indultado (y por tanto antes condenado) por el Presidente Clinton (tuvo el detalle posterior de financiar la carrera política de Hillary), tras petición firmada, entre otros, por el monarca español.
No vamos a desviar la atención en preceptores, el condenado golpista Armada, o negocietes petroleros con la dinastía Saud, donantes de la saga de yates Fortuna, y químicos con el suicidado Gardini.
Centrémonos, por actualidad, en su familia.
Bregado con el cuñado Constantino, siempre sagaz en lo crematístico, emparentó vía primogénita con Marichalar, ahora ex-presidente de empresas y fundaciones, embajador de la moda, el gran lujo y el ocio. Es el emparejamiento de su segunda hija con un célebre deportista, sin embargo, lo que ha despertado antiguos temores: su implicación con la Justicia retrotrae a Juan Carlos cuando menos diez años.
O la explicación es más simple. Nada se mueve en el mundo editorial hispano sin anuencia real. Así que evita recorrer el via crucis del ciudadano Luis Capeto echando de comer a las hienas a su yerno amordazado.
Salud

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