domingo, 1 de febrero de 2015

Bajón

Yo, que soy de los que por generaciones esperamos en Los Cuernos al ejército de Salah ad-Din sabiendo que nos va a despedazar, había puesto mi última esperanza en el Sistema en la horda coletera.
Aquélla que cuando estaba fuera del coto era empujada hacia el interior por los contrarios, a fuer de ser acusada de antidemocrática; que, cuando por fin se engranó, fue acusada de no tener programa o experiencia; que, cuando lo presentó se le dijo que era quimérico, y; que, cuando lo adaptó a la realidad fue acusada de cambiar de chaqueta.
Los perdedores de la Historia.
Y podía entender los kilos de patrañas (por no decir mierda) que se iban a verter.
Pero no esperaba la verosimilitud de alguna de ellas.
Y no me refiero al "caso Errejón", del cual puedo aceptar un error formal, sin mala fe.
Llevo diez días esperando una plausible razón de Monedero sobre lo suyo.
Que cobre 400.000 euros o diez veces más no supone un problema para mí. Me gusta que los que saben más que yo, y están más valorados por ello, expongan sus pareceres. Que tribute a través de una sociedad unipersonal no es delictivo, mas sí dudoso para una ética que yo pretendo. Que se escude en campañas, de prensa y políticos corruptos, que debieran estar descontadas me retrotrae a casos amortizados.
¿Tan difícil es decir lo que sucedió y, si no casa con la moral que se defiende públicamente, desaparecer de la "primera" línea política? ¿Cuántos miles de votos vale eso? ¿Qué impulso hubiera dado al Movimiento permanecer en bambalinas después de una retirada a tiempo con sabor a victoria? ¿Cuántos descreídos hubieran sido recolectados al fin?
Es posible que la simple infantería, la que permaneció inmóvil bajo el sol de Palestina hace más de ochocientos años y la que en los últimos ochocientos, cada cierto plazo, ha sufrido bajas sangrantes ante la pasividad de sus variopintos dirigentes, no sepa valorar más allá de su vida el destino de un pueblo. La vuelta a su granja, al calor de los suyos, su existencia vacía, frágil y simple. Es posible que haya algo más importante un poco más lejos, cruzando una montaña que nunca nos atrevimos a escalar.
Y eso es lo que pretendo que haga el señor Monedero también. Que no se quede en el valle; que se dé cuenta que él es una pieza sin más, importante pero una, importante pero prescindible, quizás más valiosa entre bambalinas que tras un escaño.
Salud      

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