domingo, 8 de febrero de 2015

Los cachorros de Kropotkin y Ulianov

Hoy, noventa y cuatro años después de la muerte del geógrafo, es un buen momento para, con perspectiva, estudiar los réditos diferentes logrados por marxistas y anarquistas en las sociedades avanzadas.
Más allá de setenta y cuatro años de régimen asesino, sorprende la consideración sistémica de los primeros y la criminal y de práctica exclusión política de los segundos. Decenas de millones de seres aniquilados verían con estupefacción que los que profesan el legado de sus verdugos mantienen la consideración de vanguardia ideológica en Europa. Quizás ser el reverso del monstruo vencido del fascismo tuvo mucho que ver.
Más libres en sus acciones, no autocortapisados como sus primos rojinegros, siempre en busca de la perfección, los marxistas desde los momentos presoviéticos dieron cuenta de su flexibilidad y adaptabilidad en su participación política. Sólo así pudieron ferreamente controlar la revolución que, desde la minoría, azuzaban junto a mencheviques, socialdemócratas, progresistas en distinto grado o anarquistas. Los principios estrictos, casi religiosos, de estos últimos condujeron primero a su arrinconamiento en el movimiento obrero decimonónico y a su laminación en los años veinte y treinta del siglo pasado. La destrucción del adversario más que del enemigo fue un emblema sistemático de los marxistas, ya leninistas, en Rusia y España. En el resto del mundo, Asia sobre todo, se llevó a cabo el mismo genocidio de manera tan rígida que no puede sino haber sido una consigna del comunismo soviético y maoísta.
Mientras, los poderosos aprendiendo que basta con un par de cositas, digamos un móvil de ultima generación o una camiseta de futbol original, que la masa tenga miedo a perder para tenerla controlada y adormecida. Y si no fuera suficiente, remueven las aguas de "los de abajo" para que la pelea entre iguales sea una pieza más de control social.
Salud

No hay comentarios:

Publicar un comentario