La fragmentación de la izquierda es tan legendaria hasta contarse que en el campo del juego de la pelota los colocados arriba en aquel lado escupian hacia abajo sin rubor ni descanso.
Ya más estructurados, los iniciales minutos de la Primera Internacional fueron los más concordante de la historia de los desheredados. Los "egos", más que las ideas, de Marx o Bakunin chocaron y empujaron a cada uno en distinto proceso de busca del Edén proletario.
Los pocos que concuerden con ésta, mi máxima, dirán si en la diestra sucede lo mismo y su razón.
Si sucede, que en todas los colectividades humanas cuecen habas, es más discreto, por sibilino. Pero el hecho es profundo: quien defiende el "status" no precisa una gran movilización intelectual; le sobra con mantener la unidad, aparente o no, apoyada en el control de los medios de sometimiento social.
Los que deben "tomar el Cielo por asalto" necesitan, aparte de una ingente capacidad de abandono de las migajas de confort con que los poderosos proveen, una táctica tan precisa, tan minuciosa que las disensiones se hacen inevitables.
Seguramente quien siga manteniendo que el "catenaccio" es la única posibilidad que los pobres tienen para vencer a los ricos no pensará más allá del balompié.
Salud
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