domingo, 26 de junio de 2016

Más Brexit

Tranquilos todos: los partidarios de la separación y los de la unión.

El referéndum, a pesar de a lo que se comprometiera el dimitido en diferido Primer Ministro es puramente consultivo y no vinculante; apto para, en un poco novedoso giro político-copernicano, adaptarse a cualquier nueva estrategia.
La legitimidad de las opciones, separadas casi al cincuenta por ciento, está tan difusa que nadie en su sano juicio cantaría victoria. La derrota sí que sería más fácil de captar.
El Reino Unido, llegados al caso de querer salir de la Unión, deberá invocar de forma expresa los trámites contenidos en el artículo 50 del Tratado, cosa que ni siquiera los acérrimos al Brexit han invocado aún.
El camino para la salida conlleva un trámite de al menos dos años, 2018, tiempo más que razonable para que baje el suflé de los separatistas, lo repiensen, se deslicen los votantes o, llegados al extremo, la negociación atempere el sentimiento de abandono o dejación, si lo hubiere.

Mi idea es que la situación derivará en otra negociación en la relación reino Unido-Unión Europea, al estilo de las cláusulas especilaes que se negociaron recientemente o el vínculo que existe con otros estado europeos externos, como Suiza o Noruega.
Incluso, una Unión, estricta en cuanto a miembros, sería más admisible. Un grupo de países básicos e indubitables (Francia, España, Alemania, Italia y Benelux) con otra media docena de viables que se pudiera adherir si cumple con "todas" las consecuencias, incluida la moneda (Portugal, Irlanda, Austria, Finlandia, Dinamarca, Suecia) y el resto de estados, incluido el Reino Unido, que desde fuera de la misma Unión pudiera negociar su relación con la supranacional.

Una duda para los que no se quejan del referéndum británico y no entiendan el catalán:  ¿Por qué una parte decide sobre el todo en un caso sí y en otro no?

Salud

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