Para no hablar de tabú, los ministros españoles salen día a día a explicarnos los cambios que acometen en sus áreas respectivas. A su jefe, discreto seguro, trabajador no sabemos, ni se le ve ni se le espera.
A Gallardón, después de reunirse con el presidente del Consejo General del Notariado, se le ocurre la novedosa cuestión de que los fedatarios acometan bodas o ciertas disoluciones matrimoniales. Supongo que después de mostrar al ex-alcalde las ruinosas cuentas de sus representados post-pelotazo inmobiliario, para que no se diga que no apoyan a los colectivos en crisis.
El Ministro del Interior, Fernández Díaz, da ideas a su gran, o menos, contendiente indicando que unas armas en una campa (sic) pudieran probar su desarme y buena fe. Incluso se permite, a Rubalcaba por mucho menos le hubieran montado una manifestación de víctimas, impulsar la "Vía Nanclares". Fuente inagotable de titulares el catalán.
La aficionada a los coches de lujo, en su turno, nos remarca lo malita que está la situación en su negociado, la herencia y las autonomías por supuesto, sin aclarar totalmente el copago (o repago, mejor) sanitario ni la ayuda a los dependientes.
Wert sale un día hablando de deporte, dos más tarde de cultura y el viernes, de cine.
Guindos, el único no autorizado por el jefe, que no hay que mentar a la bicha en crisis, nos demuestra al socialdemócrata que lleva dentro y pega hachazo al sueldo de los banqueros ayudados, hasta el punto de obligarme a repensar el ideario para no pisarnos levita.
Movimiento ninguno, pero las ruedas de prensa serán un espectáculo.
Salud
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