miércoles, 8 de febrero de 2012

¿Os pedí demasiado?

Mi infancia son recuerdos de gestas sobre dos ruedas de Hinault hasta hoy. Y más que hoy, hasta Pantani, Ullrich y Armstrong, puntualizo.
Quizás el primero el del caimán bretón, siempre cabreado, siempre insaciable, en su retorno, echado del mítico Renault un año antes, más salvaje que nunca, recuperando el cetro francés. Y renegando más tarde de sus promesas, revolviéndose contra su delfín americano, el que en el 89 demostró haber aprendido todo... ¡Cómo olvidar esos 8 segundos ante el gafoso desheredado!
Lloro con Van der Velde, perdiendo casi 47 minutos en la bajada, apenas 20 kilómetros, del Gavia en el 88.
Y con Roche, esta vez de alegría, con su recuperación mágica en La Plagne, vengando a Millar en el segoviano dicharachero y logrando el triplete en un año.
Y recuerdo la bajada de Val Louron, el inicio de la hegemonía, "para ti la etapa, para mí el Tour". Y desde entonces, casi un lustro, dos italianos segundo y tercero.
Y vuelvo a Pantani, descubierto en el Giro de Berzin e imbatible en carretera picando arriba hasta que nos enseñó sus miserias mortales.
Y a Virenque, eterno de puntos rojos, antes y después de la sanción, mediocre de clase pero con el coraje suficiente para ganar con minutada cuando el día anterior había tirado el Tour en una colina.
Y a Ullrich, el penúltimo grande sancionado, con más genotipo que ninguno, pero capado psicológicamente por  Armstrong y Pantani.
Y al americano, conquistador de la Luna, soberbio y arrogante, clasicómano al que su enfermedad transformó en campeón y en mal bicho,  regalando a "Il Pirata" la victoria en Mont Ventoux.
Algunos claramente pillados; otros dudosos, más por falta de pruebas que por convicción, ésos fueron los héroes de mi primera juventud. Luces, que como jauría exigíamos, y sombras. Sobremesas sin siesta en que deseábamos escapadas de 100 kilómetros y puertos con un 20% de desnivel. Al borde de la muerte, Casartelli mediante, se debatían nuestros gladiadores sin querer reconocer que nuestras peticiones eran imposibles sin aditivo.
Y desde el Festina, acosados, culpables, chivatos, dopados todos.
Lloro y no es julio.
Salud

No hay comentarios:

Publicar un comentario