Como en las pelis de los 70, la catástrofe vende.
Ya no hay nevadas ni inviernos, sino azote de fríos siberianos, que suena a ofensiva de carros de Stalin.
Ni temperaturas bajo cero, desde que algún avezado plumilla se apercibió de que los grados de "sensación térmica", vocablo subjetivo donde los haya, son mucho menores que los reales.
Mueve a la flojera el corresponsal en puerto de montaña, inaccesible por semanas prevemos de su narración, avisando del desastre. O esas nevadas (monumentales en sobreescrito), apenas blanqueando parques, presentadas como el Armagedón.
Y como quien no quiere la cosa, se comen el primer cuarto de hora de noticiario. Pasan a los deportes y se acabó.
Salud
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