Cuando los españoles de orden ya pensaban que el fin de la crisis la marcaba la llegada de Rajoy al poder (¡por fín, Mariano!), Christine Lagarde les rompe el sueño, mentando otra recesión futura y próxima que puede dejar al paladín presidenciable, en cuestión de tres meses (los que le separan de su presumible acceso a la presidencia), en posición más comprometida que en sus anteriores derrotas. Y, aún más preocupante, a nosotros con él, en el colectivo asiento de copiloto.
"Francesa tenía que ser" dirán los fans del de Santiago. Y con su antigabachismo paliarán todo.
Pero a los demás, los que no odiamos a la directora del FMI por ser francesa, mira que habrá cosas para llamarle la atención, no nos vale.
Todo se reduce, incluida Lagarde, a que ninguno de los pilotos conoce el recorrido, ni lala composición o características del piso, ni hacia dónde son las curvas y, mucho menos, los grados de giro de cada una. ¿Por qué no son valientes, los líderes de los países del Primer Mundo, y lo reconocen públicamente?
Salud
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